Fuente: La Nación

Editorial

Mucha agua ha corrido bajo los puentes desde los lejanos días -más precisamente, desde comienzos del siglo último- en que una lectura obligatoria del libro escolar para cuarto grado era Los peligros del alcohol , texto que iba acompañado por una ilustración donde un padre, borracho, era auxiliado por un hijo pequeño que lloraba desconsoladamente.

En la actualidad, muy por el contrario, el alcohol está socialmente aceptado, razón por la cual es mucho más difícil para padres y maestros lograr que se tomen los recaudos mínimos cuando, por ejemplo, los medios de comunicación transformamos, a través de la publicidad o de las notas sobre bebidas alcohólicas, el alcohol en algo que da estatus y que puede ser consumido sin moderación sin problemas, ignorando o pretendiendo disimular que su consumo irracional puede producir más temprano que tarde graves trastornos para el individuo y su entorno familiar y social.

Quizá también por esta desaprensiva aceptación social sea que los mismos padres no le den la importancia que corresponde al hecho de que sus hijos empiecen a consumir alcohol cada vez a más temprana edad. Las estadísticas revelan que en la actualidad el 59 por ciento de los jóvenes en la Argentina abusa del consumo de cerveza. Esta cifra no sólo es preocupante per se ; lo es más si recordamos que, como advierten los expertos, en la iniciación en el consumo de drogas casi siempre estuvo presente el alcohol.

Pero además, como los jóvenes en general, y los adolescentes en particular, se manejan con códigos de conducta muy rígidos, ufanarse de que se puede consumir mucho alcohol es visto como una "diversión" cuyo cumplimiento es un ritual casi obligatorio.

Pues bien, no. No es cierto que para "divertirse" haya que hacerlo necesariamente consumiendo alcohol. Pero hasta tal punto ha llegado la "confusión" que la legisladora kirchnerista Silvia La Ruffa presentó recientemente ante la Legislatura porteña un proyecto de ley para que los locales bailables no vendan alcohol; la idea es, precisamente, desalentar el consumo de alcohol en los jóvenes, quienes lo asocian con la diversión. Según la iniciativa de la diputada, "aquellos empresarios que opten por ofrecer un espacio de diversión libre de alcohol se beneficiarán con una desgravación impositiva del ciento por ciento". La propuesta de La Ruffa está inspirada en una innovadora y eficaz experiencia realizada en la provincia de Mendoza.

También como la tendencia a abusar del alcohol crece cuando los jóvenes hacen su tradicional viaje de egresados, los puntos habituales de turismo han comenzado a poner en marcha una serie de mecanismos para paliar estos desbordes. Así, por ejemplo, en Bariloche, las autoridades municipales, como lo vienen haciendo desde hace varios años, están reforzando las medidas que regulan el turismo estudiantil. El objetivo es, por supuesto, contener a los chicos mientras se trabaja en disminuir el consumo de alcohol, cuya venta está prohibida a menores de 18 años y en los locales bailables.

Afortunadamente, no sólo en el nivel de la dirigencia comienzan a verse reacciones positivas en la lucha contra esta temible adicción. En el sector privado, en la ciudad de Buenos Aires, una revista para adolescentes y un local al cual concurren menores de edad han decidido unir sus esfuerzos y, con el lema "Divertite sin alcohol", llevan adelante una campaña para las matinés de los sábados, de 20 a 24, en las que participan menores de edad. Dentro de un estilo común a estas reuniones juveniles, la revista Ja! y el boliche Crobar invitan a famosos, organizan sorteos y, sobre todo, buscan transmitir a los jóvenes asistentes que hay muchas maneras sanas de divertirse sin necesidad de recurrir al alcohol. Una iniciativa que, sin duda, sería bueno que fuera rápidamente imitada.

Muchas veces, desde estas columnas, hemos insistido en el papel protagónico de la familia y de la escuela en la lucha contra las adicciones. Pero si, además, estos dos pilares de la prevención cuentan con la ayuda activa de particulares que están asiduamente en contacto con la juventud, y las autoridades se comprometen a llevar adelante y sostener en el tiempo las adecuadas políticas públicas, es cierto que la difícil tarea, compartida, tendrá muchas más posibilidades de lograr sus objetivos.