Fuente: Noticias Urbanas

LAS ELECCIONES


La escena era similar a la de un juicio: pero los acusados, en lugar de banquillos, ocupaban el proscenio, y el jurado, las gradas de un estudio de televisión: un jefe de Gobierno en busca de su reelección y dos candidatos, y una cantidad de asesores, técnicos, periodistas y funcionarios: miradas casi furtivas, o sostenidas, estudios de gestos, susurros en los oídos, festejos silenciosos, señoritas de alto vuelo: todo ese mundo que la tele no mostró o no quiso mostrar

por Pablo E. Chacón

El debate que sostuvieron Macri, Telerman y Filmus para exponer y discutir sus ideas de campaña y mostrar sobre la pantalla quién es quién, resultó un simulacro perfectamente armado que produjo el efecto deseado: no se discutió nada pero se tomó el pulso a la relación de fuerzas, que el rating no mide ni con un sismógrafo.

El estudio de TN estaba abarrotado de profesionales de la política (incluidos asesores y periodistas), que demostraron funcionar como una corporación como las que se suelen criticar en diversas apariciones públicas.

El nerviosismo, simulado o no, era la nota central nomás empezar. Se iban relajando de a poco, de a poco se iba consumiendo el tiempo. Los más relajados: Aníbal Ibarra, Carlos Heller, Enrique Rodríguez, y Ginés, que repartía simpatía e ironías a diestra y siniestra.

Antes de que Bonelli y Sylvestre dieran el pistoletazo de largada, con cada candidato en su escaque, algo llamó la atención: cómo esperaba cada uno de los próceres el encendido de las luces.

Telerman boqueaba, gesticulaba, aflojaba los músculos de la cara. Macri revisaba papelitos y cartelitos y le guiñaba un ojo a Gabriela Michetti y otro a Horacio Rodríguez Larreta (como hacía, no con esos interlocutores, el capitán ingeniero Alvaro Alsogaray). Filmus no pasaba más de medio segundo sin mirar a Ibarra.

Este cronista, un desconocido para la mayoría de los presentes, parecía ser un enigma, paseándose de acá para allá, hasta que Ginés, que no podía entender en su caracter sanguíneo y frontal el academicismo de su candidato, lo paró y le preguntó:

-¿Y vos, de dónde sos?
-De Noticias Urbanas... ¿por?
-Por nada. ¿Vos viste cómo habla este tipo (por Filmus)?

Enseguido, Ignacio Zuleta (de Ambito Financiero) se acercó, y lanzó más leña al fuego.

-Este muchacho tiene mucho pupitre y poca calle...

Las risas se cortaron cuando Mara Brawer, una de las asesoras del ministro, llamó al ministro (de Salud) que escapó, ahora avisado de que quien escribe era un espía de Telerman infiltrado -todo en silencio religioso. Ginés hizo mutis por el foro... hasta nuevo aviso.

Cuando la ministra Cerruti rompió el hielo y saludó al hombre de NU, varios telermanistas, medio escondidos, se asomaron. Oscar Feito esperó la seña de un consultor para acercarse al jefe de Gobierno, el menos "asesorado", en uno de los cortes.

Feito, anteojos de intelectual advertido, ropa informal, se cruzó, saludó a la ministra, a Patricia García (de Ambito), a Mario Wainfeld (de Página/12) y dijo, mascullando:

-Que le pegue más a Macri -y volvió a sentarse, al lado de Rodríguez, el abogado y actual ministro de Producción de la ciudad. Juan Pablo Schiavi no ignoraba que los macristas lo miraban con recelo estudiado, de custodios de vaya a saber qué cosa. El hombre ponía cara de póker.

Feito no cruzó mirada con Ibarra, Heller no paraba de hablar con Ibarra, que posaba de ganador y calvicie incipiente pero imparable, acaso recordando su debate contra Macri: genio y figura de estos años, que se arrellanó cuando el propio Telerman lo nombró, en términos elogiosos (e irónicos) en dos o tres momentos del debate.

Heller sonreía con esa sonrisa de quien tiene que rendir cuentas en la secretaría general del partido, la del comunista con "rostro humano", engendro que como el dulce de leche y la picana, es un clásico argentino.

Filmus acusó a Macri de vago, de no ir al Congreso, Macri dijo que para qué si ustedes negocian todo, lo que le dio pie a que Telerman lo acusara de falso demócrata, y citando a Ibarra (en declaraciones al semanario NU, que fue el título de tapa) sin nombrarlo, "si la gente supiera lo qué de verdad piensa Macri, nadie lo votaría". La Michetti se agarraba la cabeza, Enrique Olivera se reía, Rodríguez Larreta permanecía serio (a pesar del injerto que lo dejó con una sonrisa eterna).

Silvia La Ruffa saltaba en las gradas cada vez que su jefe embocaba alguna (la ribera de Avellaneda, por ejemplo). Este cronista fue testigo: el consultor en medios Mario Moldován se agarró de los barrotes ante el entusiasmo de la blonda.

Macri es tan prolijo, tan discreto, tan pacato, tan conservador y tiene tanta popularidad, que sus intervenciones (escritas por Carlos Tramutola, yuppie importado de alguna agencia de marketing o de un restó de Las Cañitas), que uno sospecha que más que sus virtudes, la defección ideológica generalizada en el planeta es la dueña de sus votos.

A un costado de la pantalla, señora, señor, la esposa del jefe de Gobierno, Eva Píccolo, pidiéndole menos sobreactuación, la misma que en una ráfaga deslizó Ginés en estas orejas: "el Pelado está exagerando un poco".

Ibarra miró por segunda vez, Brawer también: perros guardianes de qué ortodoxia?

Marcelo Saín era otro de los presentes, y Abal Medina (h) junto al asesor Jaime Durán Barba -ambos cariñosos como un perro faldero, pero ya es hora: la diversidad, la pluralidad, los tonos suaves, la tolerancia, esos valores se impusieron al fin, aunque algunos dudan de que vayan a ser los que persistan de acá al 3 de junio.

Sería una lástima, sería un error imperdonable.


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