Fuente: Noticias Urbanas

EL DEBATE


Mauricio Macri, Jorge Telerman y Daniel Filmus confrontaron sus ideas de cara al electorado que los ha elegido como aquellos con más chances para quedarse con la jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en las elecciones del próximo 3 de junio. El debate, emitido por TN en el programa "A dos voces", que conducen Marcelo Bonelli y Gustavo Sylvestre, tuvo subas y bajas, escasos golpes de efecto y ningún triunfador rotundo

por Pablo E. Chacón

Como la sociedad moderna, el espectáculo está a la vez unido y dividido. Como ella, edifica su unidad sobre el desgarramiento. Pero la contradicción, cuando emerge en el espectáculo, es contradicha a su vez por una inversión de su sentido; de tal manera, la división mostrada es unitaria y la unidad mostrada está dividida.

Guy Debord


Después de numerosos pasos de frontera mostrando documentos, acreditaciones y tarjetas que aseguraban la identidad del portador, todos los caminos conducían al estudio elegido para el debate más esperado, el de los candidatos a jefe de Gobierno porteño, saturado, antes de la llegada de los protagonistas, de asesores, jefes de campaña, funcionarios y cronistas.

A la hora indicada, como tres estrellas de cine, en un primer plano, Macri, Telerman y Filmus, impecables en sus trajes azul, gris oscuro a rayas y negro, el ingeniero, el jefe de Gobierno y el sociólogo y ministro de Educación de la Nación.

Ya ubicados en sus tarimas, con la panoplia de documentos, papeles y sorpresas, una joven anunció con un microfono inhalámbrico, voceó las reglas de hierro: celulares apagados, nada de fotos (exceptuando las del comienzo) y silencio.

Bonelli y Sylvestre tenían sobre sus tarimas el protocolo: cuatro temas centrales, perfil productivo y social de la ciudad, seguridad, situación edilicia, transporte y basura, y espacio público y visión a futuro, con un corolario proselitista y tiempo pautado, dos minutos para cada uno, uno y medio para réplicas puntuales y nueve de discusión abierta.

El sorteo había indicado para la primer sección a Filmus: se acomodó y lanzó la propuesta del oficialismo, generalidades que con ciertas variaciones, repetirían en ese orden el líder del Pro y el disidente Telerman. No era momento de recusar sino de presentarse.

Sin embargo, cualquiera pudo apreciar la habilidad (o falta de habilidad) retórica, las gestualidades, el estudio de la réplica y la caballerosidad algo forzada. Filmus, un profesor; Macri, un empresario transmitiendo las bondades de la empatía; y Telerman, un histrión con ideas que a medida que pasaba el tiempo, abandonaba el histrionismo y hacía gala de que las ideas no sobran. En ningún lado.

En el primer bloque podría decirse que dominó el sentido común de Macri (la demanda de una ciudad limpia, segura, de gente educada y amable, con calles arboladas, plazas y comodidades para nuestros abuelos, niños y discapacitados). Es difícil no estar de acuerdo con eso.

A Telerman le tocó decir que todo eso estaba hecho o estaba en vías de hacerse, y a Filmus el papel de fiscal: que modelo tan lindo para tan poca gente. Macri retrucó que si lo de él era una utopía, diez años de gobiernos progresistas habían instalado un efecto de inseguridad, suciedad y sospecha.

En el segundo bloque, el ingeniero derrapó pidiendo un banco genético para todos los habitantes que viven en suelo porteño, dándole pie al jefe de Gobierno para echarle en cara su pasado de lobbysta, de colaboracionista y de amigo de Sobisch. Telerman tiró datos que no coincidían con los de Filmus, y se abrió la primera grieta, o la primera clave.

Porque el hombre de negocios no respondió a los agravios, y dejó la pelea para sus rivales, el vector fundamental del debate: la pelea por el segundo puesto. Está claro que Macri gana en primera vuelta, pero no quién compitirá con él en el ballotage. La derogación de la Ley Cafiero fue un punto clave del debate de competencias ya que el antecedente tenía sólo un día. Ayer martes el oficialismo no bajó al recinto de Diputados a discutirla -sí el PRO- por lo que Telerman aprovechó para bajarle el precio a Filmus: "Yo sé Daniel que vos estás de acuerdo pero tus jefes no" dijo al respecto.

La "indignación" de Telerman dio sus frutos, porque metió en una misma bolsa a la poca importancia que el Pro da a los derechos humanos con la desprecio que el gobierno nacional tiene para con las ideas que no son las suyas. El martirio del jefe de Gobierno puede sonar excesivo, pero el diagnóstico, correcto.

Un párrafo aparte fueron las acusaciones de "títere" del gobierno central. "A vos no te dio ni para eso" espetó Filmus a lo que Telerman contestó" por eso te llamaron a vos". Golpe y contra.

El vuelo de asesores en vísperas del tercer bloque pareció el de un enjambre de avispas. Filmus abandonó la pose doctoral y descerrajó un par de puntadas sobre obra pública (de la ciudad en Avellaneda) que Telerman no pudo refutar más que con una confusión que lo puso nervioso (se notó cuando, con la aprobación de Ibarra, entre los presentes), el sociólogo le preguntó por qué la publicidad de gobierno dice "gestión T si la pagamos todos los porteños".

Fue su momento de gloria: Alberto Sileoni, Mara Brawer, Silvia La Ruffa, Ibarra, Carlos Heller, Ginés González García, Juan Manual Abal Medina, sonreían, chequeban datos, se daban ánimo.

Sin embargo, los tiempos están cambiando, porque alguien tuvo el tino de no nombrar Cromañón, que hubiera desbaratado una discusión que funciona a golpes de efecto, no de argumentos, porque la televisión es un golpe de efecto, no un dispositivo de argumentaciones. En ese terreno, cuando se calmó, Telerman mostró sus dotes de actor, muy superior a las del resto.

Luego - y a raíz de los cononedores- vino el duelo inconcluso de la cantidad de calles que tiene la Ciudad. Macri habló de 80.000 y Telerman de 20.000. Ellos polemizaron pero la razón quedó en el aire flotando, por promedio podrían ser 50.000 pero hay que chequearlo.

El último bloque fue el más confuso. La discusión sobre el estado del tránsito y el espacio público derivó en impugnaciones contra obras hechas a destiempo, promesas incumplidas, pauperización en el sur de la ciudad, bandas de narcos, nadie sacaba ventaja. Mauricio Macri continuaba con su serie de spots (formato debate) diseñados por Jaime Durán Barba, típico del que va primero y no quiere hacer olas.

Pero otra vez Telerman fue quien respondió con cierto aplomo: es más fácil criticar que gobernar, y más difícil que gobernar todavía es defender una gestión de gobierno en curso. La mejor idea que tuvo (una idea acaso envenenada)fue reconocerle a Aníbal Ibarra ser pionero de determinadas
iniciativas.

Eso no se escuchó tanto en el ruido, porque era evidente que quién vio el programa ya sabe seguramente a quién votará, y la exposición sólo servía para demostrar la competencia y la presencia que se necesita para un puesto de tan alta visibilidad.

Así que a la hora de decir por qué a mí y no al otro, todos, incluso los candidatos, sabían lo que iban a decir y a escuchar: conmigo se completará lo que falta o se hizo mal o a medias, se hará lo que no se hizo, o se consolidará un proyecto, se abrirá la diversidad, volverá la igualdad de oportunidades.

Sin un ganador rotundo, la horizontalidad democrática llega a los discursos, y los vuelve grises, similares, repetitivos, medio sonsos, pero eso es la democracia: la gestión de una vida sin mayores sobresaltos ni sorpresas. Es como llegar a viejo con una jubilación decente e hijos sanos. Para muchos es poco. Pero para muchos más no hay nada mejor que ese "poco".

“Voten con tranquilidad, con convicción y con profunda libertad para no ser rehenes de los grupos económicos y de los que quieren concentrar poder para disciplinarnos”, dijo Telerman a la hora de pedirle el voto a los porteños. La fórmula de Filmus, más allá de insistir que el proceso puesto en marcha por Kirchner ofrece a la ciudad una “oportunidad histórica”, fue: “Soy docente. Creo en el valor de la palabra y el compromiso”. Y Macri planteó que quienes están en condiciones de solucionar los problemas de los porteños no son “los que gobernaron en los últimos diez años”.

Este cronista debe reconocer que salvo algunas chicanas baratas, la contienda o el simulacro de contienda fue de lo más civilizado que ha visto en estos últimos años. La foto del final con las tres fórmulas fueron la síntesis. No es poca cosa.



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