Fuente: CLAVE - Periódico Nacional

Eficacia y eficiencia no son antónimos. Por el contrario, ambos conceptos plantean cosas en común. Lo que se busca es alcanzar los objetivos con el menor costo posible.
Entonces yo me pregunto, ¿qué se busca cuando hablamos de descentralización, cuando debatimos la Ley de Comunas para la Ciudad de Buenos Aires?
Lo que se busca es mejorar la calidad de vida de los vecinos de la Ciudad, con eficacia y con eficiencia. Con representantes cercanos al vecino y a sus problemas. Con representantes que sufren los mismos problemas que el resto de los vecinos de la Comuna porque no hay iluminación en una cuadra, o falta un semáforo en determinada esquina o la dotación de personal policial es insuficiente para la conflictividad del barrio.
También se busca mejorar la calidad institucional de la Ciudad. Construir una nueva relación entre los vecinos y lo público. Mayor control a la gestión. Más participación en la toma de decisiones.
Para evitar que el proceso de descentralización generara la burocracia improductiva que algunos sectores temen, la Constitución de la Ciudad, sabiamente, planificó un proceso gradual de transferencia de capacidades y recursos del gobierno central a las Comunas.
Entre agosto de 1996 y octubre de 2001, el Gobierno de la Ciudad debía generar un proceso de descentralización y desconcentración de recursos, responsabilidades y acciones. Y en ese mismo período los legisladores debían debatir, analizar, consensuar y sancionar la Ley de Comunas.
Desafortunadamente, no se cumplieron los plazos y el proceso de descentralización no fue total. La anterior Legislatura, no pudo, no quiso o no supo construir la norma que diera vida a este instrumento que va a significar una transformación fundamental para la calidad institucional de la Ciudad. Esta Legislatura ha desarrollado un proceso inédito en la historia institucional de la Ciudad, la construcción participativa de la Ley. Y luego de varios meses de rondas de consulta y trabajo conjunto se llegó a un dictamen que fue aprobado en general el 30 de noviembre pasado y que resta ser sancionado en particular.
Sin embargo, algo hemos avanzado y mucho queda por hacer. Lo que no podemos es volver hacia atrás. Las Comunas son y deben ser un bien adquirido por la ciudadanía. La única forma de mejorar la política no es negarla, sino participar, comprometerse, ocuparse de lo público.
Más cercanía, más control, mayor participación, agilidad en los procesos harán que los resortes del Estado funcionen dando respuesta al ciudadano. Es necesario reconstruir los lazos de confianza entre representantes y representados y las Comunas parecen un excelente instrumento.
La actual Legislatura tiene el desafío de construir un consenso amplio que garantice que se respete la identidad cultural y barrial en la división comunal, que se promueva la participación de los vecinos y que se instrumenten mecanismos de control y de auditoría ciudadana. El beneficio será para todos.