Fuente: LA NACION

Reclamo de la asociación de fomento

PARQUE CHAS QUIERE VOLVER A SER BARRIO

Los vecinos piden al gobierno porteño que devuelva ese status a 40 hectáreas de Agronomía



La zona fue barrio independiente sólo por seis meses y dos días
Quieren que la estación Los Incas del subte B se llame Parque Chas, como lo dice una ley


Muchos lo tienen por barrio y otros por laberinto. El caso es que hay que evitarlo, si uno no quiere perderse en un sinfín de calles que parecen no tener salida y que de imprevisto cambian de nombre. Es una telaraña que esconde trampas, como esquinas que están a dos cuadras de distancia, pero tienen el mismo nombre; una arteria circular -llamada Berlín-, que no tiene fin, y hasta otra vía que se cruza a sí misma en la esquina de... Bauness y Bauness.

Los vecinos de Parque Chas son los únicos capaces de andar por allí sin perderse. Incluso cuentan que hace pocos meses unos ladrones que asaltaron a un vecino acabaron entregándose, a cambio de que se les dijera cómo salir. Pero, contra lo que muchos pueden creer, y pese a la extraña cofradía de este laberinto -ellos se ríen horrores desde sus balcones cada vez que un automovilista se pierde-, Parque Chas no es un barrio. Hoy forma parte de la Agronomía.

Los vecinos quieren que el gobierno porteño vuelva a reconocerlos como barrio, como lo fue hasta 1976 cuando el brigadier Osvaldo Cacciatore, entonces intendente de Buenos Aires durante el gobierno militar, ordenó modificar los límites de los barrios que rodeaban Parque Chas para que lo absorbieran. El 14 de junio de ese año dejó de estar en los mapas.

La principal reivindicación que por estos días hacen es que el gobierno porteño y Subterráneos de Buenos Aires cumplan la ley 1142, votada por la Legislatura el 9 de octubre de 2003, que denomina "Avenida de Los Incas - Parque Chas" a la última estación del subte B.

Promocionaban el subte

No es menor, si se piensa que en 1925 los primeros loteos de la zona se promocionaban con un "próximamente subte". María Isabel Pérez cuenta que así su abuelo compró el terreno en Parque Chas en el que hizo la casa en la que hoy vive ella.

En realidad, Parque Chas fue barrio sólo por seis meses y dos días. El 12 de enero de 1976 fue incorporado al mapa de los barrios por la ordenanza 32.007, derogada el 14 de junio de ese año, por decreto.

"Consideramos que si fue el Concejo Deliberante de un gobierno democrático el que le otorgó status de barrio, no es legítimo que un gobierno militar se lo haya quitado. Pedimos que el gobierno porteño se lo restituya", asegura Héctor Mango, uno de los habitantes más antiguos de la zona. Lo dice en una reunión que convocó a más de 50 vecinos en la Asociación de Fomento Parque Chas. Se juntaron para organizar su demanda: quiere volver a ser barrio.

Pero no son los únicos. En la comisión de Planeamiento Urbano de la Legislatura porteña hay dos proyectos, uno de los diputados Rodrigo Herrera Bravo (Frente Compromiso para el Cambio) y Roy Cortina (Partido Socialista). Y otro de SILVIA LA RUFFA FRENTE PARA LA VICTORIA
No es la primera vez que un barrio porteño tiene aspiraciones separatistas. La Boca, Mataderos, Barracas y San Telmo se autoproclamaron "repúblicas" en algún momento de su historia y hoy tienen sus propios presidentes, banderas y ministros. También alguna vez lo fue Flores Sur. Pero estas repúblicas sólo tienen gobiernos simbolicos, con fines sociales y de fomento. No buscan una independencia real del gobierno de la ciudad. Los integrantes del gobierno de la República de San Telmo, por ejemplo, reivindican que sus fines son la camaradería, la beneficencia y el buen humor. La llamaban "la república estomacal", porque el gabinete sólo se reunía para comer en la vieja pulpería Los Troncos.

Excepto La Boca, que tuvo una primera y una segunda república. Hacia fines de 1880, una junta de vecinos se convocó para solicitar la autonomía del gobierno central.

"No queremos que se cree otro barrio nuevo, sino que se nos devuelva lo que una vez fuimos. Parque Chas tiene identidad propia. Ninguno de los vecinos se siente parte de la Agronomía. Somos casi un barrio cerrado. La gente de otra zona no entra porque tiene miedo de perderse. Y nosotros nos conocemos entre todos", dice Magdalena Eggers, la arquitecta que todos los últimos sábados del mes organiza visitas guiadas gratuitas por la zona.

Ella asegura que la identidad de los vecinos está en el laberinto. Allí radica la diferencia. Los habitantes se sienten como en casa, mientras que los de afuera tienen que andar con cuidado, pidiendo permiso, como en casa ajena.

Por Evangelina Himitian
De la Redacción de LA NACION