Fuente: GENESIS PROFESIONAL

GENESIS PROFESIONAL conversó con la diputada de la Ciudad por el Frente de la Victoria, SILVIA LA RUFFA, quien integra las comisiones de Asuntos Constitucionales; Relaciones Interjuridiccionales; Derechos Humanos, Garantía y Antidiscriminación y Descentralización y Participación Ciudadana. Es la primera mujer que preside la comisión de Seguridad, debido a su amplio conocimiento sobre el tema. Con muy buena predisposición nos recibió en su despacho.



Por la lic. Gabriela Coronato y el Lic. Maximiliano Rey



- ¿Cómo fueron sus comienzos?


-La cuestión pública siempre me interesó. Me acerqué a la política a través del estudio de la ciencia política. Una carrera que me atrapó, me pareció muy interesante. Luego, a través de una pasantía en la Cámara de Diputados, me conecté con la militancia.


- ¿Dónde estudiaba y con quién era la pasantía?


-Yo estudiaba en la Universidad de Belgrano. La pasantía era con la diputada Patricia Bullrich porque había un conocimiento personal entre el director de mi carrera y ella.


-¿Qué le dejó la pasantía?


-Cuando la inicié, si bien me encantó el trabajo de asesora política, me di cuenta que me atrapaba mucho la cuestión de la militancia. Me interesaba el hecho de pertenecer a un proyecto político. De a poco me fui involucrando en la actividad política. No me sentía bien con el rol del asesor político que hoy trabaja con uno y mañana con otro. No me daba placer en relación a mi desarrollo vocacional.


- Entonces llegó la militancia…


-En el ´94 ya me había afiliado al peronismo y participé en una interna de la Juventud Peronista con mi circunscripción (que es la 24). En el ´96 Bullrich crea su partido propio y yo seguí su mismo proyecto. Sentía que teníamos que demostrar que había otra forma de hacer política, distinta a la que se manifestaba en esos años. Dentro mismo del peronismo había sectores que pensaban como yo y se daba la discusión de cuánto tiempo hay que quedarse dentro del partido y cuándo está bien dar pelea desde adentro. De hecho, algunos compañeros se fueron.


- ¿Se puede pelear desde adentro?


-Si, si uno tiene determinados valores. Lo importante es no cambiar. Cuando decidí volver había todo un planteo de reconstruir el partido, de mostrar que era un espacio abierto. Toda la propuesta me pareció que demostraba que había vientos de cambio en el justicialismo y que valía la pena intentarlo.


En el ´96 Patricia Bullrich fue elegida convencional constituyente y usted fue su asesora. ¿Cómo fue esa experiencia?


-Muy buena y gratificante. Una experiencia muy importante para cualquier politólogo.


- A diez años de la nueva Constitución de la Ciudad de Buenos Aires ¿qué se logró y qué falta alcanzar?


-Se logró mucho pero falta más. De todas formas está la convicción política de seguir avanzando. Fue un hito muy importante para la Ciudad.


- Usted implementó el sistema de Despacho en los Barrios, ¿de qué se trata y cómo resultó esa innovación?


-Es muy enriquecedora. Todas las semanas nos acercamos a un barrio y escuchamos las inquietudes de los vecinos. A nosotros nos sirve como arma de gestión y a los vecinos les interesa tener cerca a alguien que los escucha y tiene posibilidad de resolver sus problemas.


- En un plano más teórico, ¿Argentina tiene un sistema bipartidista?


-Yo siento que el sistema de partidos en Argentina está en una etapa de transición desde el 2001 hasta la fecha. La verdad es que en nuestro país está claro. La lógica de funcionamiento, que es lo que define a un sistema, es claramente bipartidista. Eso se quebró en el 2001 y dio un vuelco muy crudamente en el 2003. Esto permitió que haya una recomposición donde puede ser que el Partido Justicialista y la Unión Cívica Radical, no el peronismo y el radicalismo que son las identidades, conducen esta nueva recomposición y que haya agrupaciones partidarias que entremezclan estas identidades. Esto hace que se tenga que repensar el sistema. Hoy no está muy claro. La foto está borrosa y yo tengo claro que no es una foto. Tengo muy en claro que estamos en un proceso de transición en el sistema de partidos. Habrá que ver hacia dónde evoluciona. Espero que evolucione hacia la consolidación de un sistema y que no haya una crisis de nuevo.


- ¿Cuáles son las deudas del ámbito científico para transformarse en un actor importante a la hora de fijar agenda política o establecer proyectos?


-Creo que los científicos son los precursores en materia de política de investigación. Tienen responsabilidad en esto, en poder vincular más la agenda política con la investigación científica. Como todavía las ciencias exactas dominan este tema, la situación es más compleja. Pero hay investigaciones de las ciencias duras que también son necesarias para las políticas públicas. Tendría que haber una forma de que el Estado pudiera pedirle al conocimiento científico “inputs”. Porque una cosa es cuando no soy ni diputada ni asesora legal, entonces me dedico a investigar, a hacer trabajos de campo y mirar experiencias. Pero yo tengo que tomar decisiones y no necesito que me den las cifras crudas de, por ejemplo, los delitos sino que alguien se haya tomado el trabajo de valorizarlos. Si no lo tengo que hacer poco científicamente porque requiere un tiempo que por más que uno quiera no lo tiene. Entonces, es fundamental en cualquier tema que haya un conocimiento científico que avale la toma de decisiones. Con la complejidad que tiene el mundo, pensar que los iluminados que estudiaron un tema van a resolver todo, es una locura ya que todo cambia en forma permanente.


- Hoy en día, en las Ciencias Sociales, hay una hegemonía de la visión institucionalista. ¿Cómo se complementa un proyecto nacional y popular con una buena institucionalidad?


- No creo que sean antagónicos., Sí creo que en la opinión pública hay un error de definición de lo que debería ser calidad institucional o mejores instituciones. Lo institucional es la parálisis (un Congreso que discute 30 años un tema, un ejecutivo que no toma decisiones). Me parece que, uno de los logros de este gobierno, es que fue recomponiendo esa cuestión institucional. No sólo con la reforma de la Corte Suprema que es lo más visible, y que era una demanda social muy fuerte. También sabemos cuándo serán las próximas elecciones, el Jefe de Gabinete cada vez con mayor regularidad va al Congreso a dar la información que tiene que dar, los partidos políticos están empezando a tener más “vida interna”. Me parece que en ese sentido la institucionalidad se va reconstruyendo. Creo que fue tal la crisis que no podemos pensar en términos de que ya alcanzamos el ideal. Lo veo como un tránsito. No creo que este gobierno, y menos un proyecto nacional y popular en sí, vaya en contra de esta institucionalidad. Me parece que el concepto de separación de poderes hay que analizarlo con mucho cuidado. En el caso de los institucionalistas, y esto más en términos teóricos, ellos creen que el presidencialismo está condenado al fracaso. Piensan que solamente el sistema parlamentarista puede existir. Sartori dice que en Estados Unidos el presidencialismo existe a pesar de la Constitución y no gracias a ella. En ese sentido me parece que entre la toma de decisiones, la calidad de sus funcionarios y la cultura política, hay que decir que siguen cuestiones que no están resueltas. Yo espero que se resuelvan en mayor calidad institucional, porque si no se avanza en este sentido va a ver de nuevo crisis: o de gobierno o de régimen. El problema es que, a lo mejor, la Constitución del ´53 o la reforma del ´94 plantean un modelo institucional que en la práctica no permite la toma de decisiones. Creo que hay que tener en cuenta que Argentina desde 1930 (más allá de los 10 años del peronismo), nunca ha tenido estabilidad política. El régimen democrático en la Argentina y la Constitución del ´53 nunca fueron estables. Estas tensiones las tenemos que ir resolviendo. Si los 30.000 detenidos – desaparecidos significaron que la sociedad argentina se apodere del régimen democrático como propio y que entonces al que llegó al gobierno lo echan en helicóptero pero se mantiene la democracia, esos compañeros tienen un lugar sublime en la historia. Yo no te diría hoy que pasemos al parlamentarismo. Creo que la Argentina se dislocaría. Pero está claro que hay algo en nuestro sistema institucional que nos hace ruido en términos de gobernabilidad o de estabilidad democrática. Ojalá que la sucesión de gobierno nos permita avanzar en términos de calidad institucional (que insisto en que este gobierno ha avanzado mucho) y que no haya tensiones en el sistema.