Fuente: Reunión de Administradores

Silvia La Ruffa es licenciada en Ciencia Política (egresada de la Universidad de Belgrano), investigadora y politóloga. Se desempeña como Diputada de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fue integrantes de diversas comisiones legislativas y parlamentarias. Ha elaborado un proyecto de renta vitalicia para personas de la tercera edad, propietarias de inmuebles de la Ciudad de Buenos Aires, que actualmente no puedan conservar su vivienda. Para conocer los pormenores del proyecto entrevistamos a la licenciada.

-¿Cómo surge esta iniciativa?
La idea la empezamos a desarrollar en la campaña de 2003, en plena situación de crisis.
En ese entonces observamos que un gran porcentaje de la población, de clase media y propietaria de un inmueble, que no podía llegar a fin de mes, ya sea en propiedad horizontal por el problema de deuda por expensas o el remate de su vivienda o en una casa con dificultades para la subsistencia.
Y dentro de esta población, una gran parte está compuesta por gente de la tercera edad, que toda su vida había trabajado, había adquirido una vivienda propia y ahora, con su jubilación, no le alcanza para tener un nivel de vida acorde al que tenían durante su vida activa.

-¿Podría detallar cómo fue el proceso de presentación del proyecto?
El proyecto fue presentado en octubre de 2004 a la Comisión de Políticas de Promoción e Integración Social de la Legislatura, pero la Comisión lo rechazó y caducó en abril de 2005 debido a que era un proyecto de resolución.
Luego, se volvió a presentar en forma de declaración y fue aprobado a mediados de 2005.
En este momento el proyecto se encuentra en la Comisión de Políticas de Promoción e Integración Social, a la espera de una respuesta del Banco Ciudad.

-¿Con qué antecedentes cuentan para respaldar este proyecto?
La renta vitalicia existe en muchos países de Europa.
Sus iniciadores son EEUU y Canadá, a través de la banca privada.
A veces nos enteramos de algunas noticias referidas a contingentes de abuelos que viajan al exterior, no solamente por la jubilación que perciben, sino porque obtienen este tipo de planes que les significan un ingreso extra.

-¿En qué consiste la Renta Vitalicia?
Básicamente el propietario cede a un banco su propiedad (nosotros en este caso lo planteamos para la banca pública a través del Banco Ciudad) con dos condiciones.
Por un lado, el propietario y su cónyuge van a vivir en esa propiedad, hasta tanto se dé el fallecimiento de ambos beneficiarios.
Por otro lado, van a recibir a cambio no todo el dinero equivalente a la propiedad, porque no es una venta, sino un prorrateo según la expectativa de vida de los beneficiarios y el valor de la vivienda, como si fuese un salario extra.
Con esta renta más su jubilación, el beneficiario podría tener un nivel de vida más acorde a sus necesidades e incluso mejorarlo.

-¿Cómo se pondría en práctica en este caso?
En este caso, la condición es que los beneficiarios sean mayores de 65 años y propietarios.
Sabemos que en todos los países, el programa se lleva a cabo a través de entidades financieras y bancos.
En nuestro proyecto, que se haga cargo sólo la banca pública, y que las propiedades deberían constituir un fondo fiduciario, para que en algún momento sea un fondo autofinanciado.
Es por ello que hicimos simplemente un proyecto de resolución solicitándole al banco que lo estudie.
Además me ocupé de contactarme con algunos gerentes del banco para transmitirles cuál era la idea.

-¿Qué sucedería si el beneficiario fallece a poco tiempo de recibir la renta y cómo se encararía el tema de los herederos de estas propiedades?
Son cuestiones bastante complejas y conflictivas.
En estos casos, implementaríamos algún tipo de seguro por si el fallecimiento se produce con demasiada antelación.
Por ejemplo, si a los seis meses la pareja muere, sería un fraude del banco, si bien este asume el riego de que aunque la expectativa de vida de la pareja sea de 15 años, pero vivan 25, si hay un período muy corto haría falta algún tipo de seguro, donde el banco pueda recuperar lo invertido, pero que los herederos puedan decidir qué hacer con esa propiedad.
Y tendríamos en cuenta algún tipo de autorización, por parte de los hijos, para que no haya ningún tipo de complejidad para el banco ni que aparezca como una sorpresa para los herederos, al momento de la sucesión.
Este es un requisito que no sería excluyente.

-¿Qué consenso ha tenido el proyecto dentro de la Legislatura?
Se aprobó, sin ningún tipo de disidencia.
Me invitaron a la Comisión a que lo explique y siempre tuve en cuenta todo lo que había investigado en los fundamentos del proyecto.

-¿A cuántas personas beneficiaría el programa?
No podemos saberlo, porque esto es algo optativo y dependería de la demanda.
Al mismo tiempo, se debería generar una cultura diferente, porque para nosotros está muy arraigado el tema de la casa propia.
Por ello es difícil saber cuántas personas optarían por este beneficio.

-Este cambio de cultura, ¿tendría que ver con que la gente comience a confiar en el sistema?
Exactamente.

-Debe ser difícil generar un cambio de mentalidad, por cierto descrédito que existe hacia los bancos.
Así es, y al mismo tiempo, muchos padres desean dejarle alguna herencia a sus hijos.

-¿En qué estado está el proyecto en este momento?
El banco lo está estudiando, sé que una de las principales trabas es que el banco no se dedica a cuestiones inmobiliarias, porque una cosa es otorgar créditos hipotecarios y otra muy distinta es involucrarse en el mercado inmobiliario.
De todas formas, la renta vitalicia resulta una solución interesante, útil y necesaria.
Que lo haga la banca pública es un reaseguro, y todo lo que implique ayudar a la tercera edad es muy productivo, más en el caso de la propiedad horizontal donde el costo de las expensas es realmente alto.