Fuente: El Cronista Comercial

Existen muchas lecturas posibles sobre lo ocurrido el 30 de diciembre de 2004 en el local bailable República de Cromañón. Podríamos esbozar una mirada institucional, una mirada comercial, una mirada cultural, una mirada penal o una mirada política. Todas ellas explicarían sólo parte de lo que llevó a que esa noche se produjera la mayor tragedia de la historia de la Ciudad, incluso de la Argentina. La mirada de la sociedad podrá reconstruir la variedad de causas que permitieron que esa fatídica noche se prendiera fuego un local bailable con aproximadamente 3000 asistentes en su interior, jóvenes en su mayoría.

El empresario inescrupuloso, el agente corrupto, el bombero desentendido, el inspector ausente, la banda promotora de la pirotecnia, la normativa obsoleta. Todos estos factores coadyuvaron a que esa noche, en ese lugar, hubiese más gente que la permitida, asistieran menores en horario prohibido, ingresaran y utilizaran pirotecnia, hubiese una salida de emergencia sellada por un candado. Y nadie hiciera nada por modificar uno de esos factores. Por desidia, por negligencia, por desconocimiento o por lo que sea.

¿Habremos aprendido algo tras la muerte de 194 jóvenes y niños que fueron a disfrutar de un recital de su banda favorita y no volvieron a su hogar?

La principal enseñanza, entiendo, es la importancia de trabajar fuertemente sobre las políticas de prevención, la necesidad de llevar adelante simulacros de evacuaciones, de contar con los matafuegos en regla, de establecer criterios de “peligrosidad” en las actividades que se desarrollan en la Ciudad y fijar pautas de control más estrictas a mayor criticidad.

También nos enseñó que es necesario pensar y entender a la seguridad como un concepto integral vinculado con la definición de seguridad humana y no tan sólo circunscribirnos a los conceptos de prevención del delito y la violencia o al control social formal.

La Legislatura, durante 2005, se abocó principalmente al estudio de las responsabilidades de los funcionarios del Gobierno de la Ciudad y a la investigación por mal desempeño contra el Jefe de Gobierno. El próximo año deberemos estudiar y consensuar las medidas necesarias para garantizar la seguridad en la nocturnidad y en otras actividades que puedan requerir una normativa más moderna.

Nuestros jóvenes se ven permanentemente expuestos a riesgos que muchas veces no imaginamos, los consumidores otras tantas veces enfrentan situaciones que pueden derivar en víctimas fatales, nuestros abuelos sufren las consecuencias de la desarticulación del Estado. La Ciudad deberá pensar qué normas, qué acciones, qué políticas necesita para revertir este cuadro de situación. Debemos avanzar en el camino de la reconstrucción del Estado, el Estado que garantiza seguridad a todos y todas, el Estado que controla que los empresarios cumplan con las normativas, el Estado que decide qué actividades se desarrollan y bajo qué condiciones de seguridad, el Estado que educa para prevenir.

En cuanto a las necesidades de las y los jóvenes, este año se sancionó la Ley de Organización del Consejo de la Juventud. Un ámbito que seguramente deberá reflexionar sobre el 30 de diciembre. Un espacio de encuentro entre jóvenes que alertarán a las instituciones sobre los peligros y las demandas que enfrentan día a día. Un lugar en el que la participación ciudadana aportará soluciones para mejorar la calidad de vida de los que hoy tienen menos de 30.

Lo principal es aprender las lecciones de la historia para que hechos como éstos no ocurran nunca más.

SILVIA LA RUFFA
Diputada de la Ciudad
Frente para la Victoria