Fuente: Clarín

En diciembre de 2004, la Cámara que agrupa a locales bailables porteños daba cuenta de "más de 200 boliches funcionando". El Gobierno porteño, sin embargo, tenía contabilizados 105. El actual registro de boliches indica que hay 67 en actividad. Es decir, sólo esa cifra de locales lograron cumplir las exigencias surgidas en enero pasado, días después de que más de 190 jóvenes murieran asfixiados en Cromañón. "Los estándares de seguridad hoy son altísimos", afirma Diego Gorgal, secretario de Seguridad porteño. Bahrein es un boliche ubicado en Lavalle al 300. Muchas de sus invitaciones las realiza por Internet. Las tarjetas indican el precio de la entrada y quién será el DJ. Además, puntualizan algunos datos que pueden sonar curiosos: "Los horarios y condiciones son muy estrictas y la capacidad es limitada por ley. Bahrein, de XSS S.A. Local de Baile Clase C. Capacidad: 770 personas". ¿Un signo de los nuevos tiempos? La normativa dictada a principios de año obligó a los boliches, entre otras exigencias, a informar mediante un cartel, la capacidad máxima exigida y quién es el dueño del local. Para poder figurar en el Registro Público de Lugares Bailables (también creado en enero pasado) los locales deben tener en regla las inspecciones periódicas de bomberos, planos aprobados, un médico si tiene capacidad para más de mil personas, materiales ignífugos, entre otras normas. La gran mayoría de los 67 boliches habilitados, por ejemplo, ha contratado bomberos de La Boca (unos $ 80 promedio por noche). "La noche cambió profundamente: el público está más tranquilo; el personal de seguridad es más calificado", dice Osvaldo de Risso, propietario del boliche Amérika, que lleva el número 62 en el Registro. De Risso da ejemplos de "mayor tranquilidad": "Entre octubre y diciembre se realizaron en la Ciudad unas 1.500 fiestas de egresados y no hubo ningún incidente". La tragedia de Cromañón provocó una catarata de renuncias en el área de seguridad del Gobierno porteño. El duhaldista Juan José Alvarez fue convocado a dirigir el área. Luego lo sucedió, en la Secretaría de Seguridad, su colaborador Diego Gorgal. "Hemos realizado 370 clausuras en todo el año", explica el funcionario. Las irregularidades van desde las condiciones de higiene y seguridad hasta la capacidad excedida, pasando por la falta de habilitación. A la cabeza del tipo de infracciones está la "actividad de baile clandestina". "Pusieron tanto celo en las discotecas, que los bares se triplicaron y se les armó un hueco: los bares se transforman en discotecas", cuenta De Risso. Gorgal, en cierto modo, le da la razón: "El problema de la noche se concentra aquellos lugares donde se baila sin tener habilitación". Los tres meses de "noche seca" (después de Cromañón se cerraron los boliches hasta su regularización), "expandieron la modalidad de ir a un pub, donde se terminaba bailando", argumentan en el Gobierno. "¿Pero es realmente peligroso que en un bar se corran cuatro mesas para que bailen cinco parejas?", preguntó Clarín. "Yo aplico la ley, no la interpreto", respondió Gorgal. La Comuna dice también tener en la mira a "las fiestas clandestinas": así, en la Secretaría buscan por Internet los anuncios de fiestas cuyas entradas van de los 5 a 7 pesos (en un boliche no baja de los 20) y se realizan en salones no habilitados. Habitués de las llamadas "fiestas dark" ya elevaron su queja: "Nos están persiguiendo y hasta discriminando", denunció un organizador de estas fiestas, que pidió reserva de su nombre. "El Gobierno o la Legislatura van a tener que revisar qué hacer con fiestas alternativas, que expresan tendencias nuevas, al margen del circuito oficial", afirmó Marcelo Sinato, dueño del boliche Maluco Beleza. Florencia, 23 años, estudiante de psicología, frecuenta las llamadas "fiestas clandestinas": "Me gustan porque hay música electrónica que no se escucha en los boliches, más de vanguardia; además, la entrada es más barata". Estas fiestas llegan a reunir hasta 500 personas, en espacios no habilitados, ni preparados para una emergencia. El Sistema Unico de Denuncias (por Internet o por ventanilla) y los llamados al 103, nutren al Gobierno de información sobre locales que podrían contar con irregularidades. "El talón de aquiles del sistema es que no tenemos multas fuertes. El empresario incumplidor, después de una clausura, paga 300 pesos y vuelve a abrir", se queja Gorgal. El funcionario echa mano a unas planillas y muestra el caso de boliches que recibieron cuatro clausuras en un año (Baires Resto Bar, Solar Guaraní y Azúcar Belgrano). Un empresario, en cambio, se preguntó "por qué no se controlan las fiestas que se hacen en el Club IMOS (en Comodoro Rivadavia y Libertador)". Otro dato revela el cambio post Cromañón: en diciembre pasado había 18 patovicas registrados. Hoy, los registros del Gobierno dicen que suman 717. Opiniones Diego Gorgal (Secretario de Seguridad) No sé si es peligroso o no que se baile en un bar. Yo aplico la ley, no la interpreto. El talón de Aquiles del sistema está en las sanciones: tenemos casos de bares o boliches que fueron 3 y hasta 4 veces clausurados en un año por no cumplir las normas. Pero luego pagan 300 pesos y levantan la clausura. Ahora no falla el control. SILVIA LA RUFFA (Diputada porteña, kirchnerista) Este año casi no hubo debate legislativo sobre cambios a las leyes actuales. Ibarra dijo que las normas eran confusas y obsoletas. Si en 2005 la Legislatura investigó la tragedia de Cromañón, en 2006 habrá que mejorar el Código de Habilitaciones: ¿Dónde tocan las bandas under de rock, si no hay normas para microestadios?