Fuente: El Argentino

Por Carlos Stroker

Detrás de ese retrato de tres hombres vestidos de traje y corbata, sentados en un salón de un hotel de San Telmo, hay una historia que ninguno de ellos se atrevería a confesar en campaña. Con la intención de formar una alianza y tratar de quitarle algo de poder al actual oficialismo, los laboriosos arquitectos de la política de la provincia de Buenos Aires buscan un flanco flaco para intentar llegar a la sociedad con su discurso y hacerse de unos buenos votos que les permitan soñar con un futuro desembarco a orillas de la Casa Rosada. Y la seguridad será su caballito de batalla. Pero no sólo porque el tema figura al tope de la agenda social, sino por motivos más delicados: en la trastienda del “properonismo” se mueven viejos y cuestionados caciques policiales que también sueñan con recuperar el poder.

Desde que asumió como jefe del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, el ingeniero Mauricio Macri, uno de los creadores del Pro, la fuerza gobernante, no ahorró en fustigar la decisión de la conducción nacional de no entregarle partidas para financiar una policía porteña. El ex presidente de Boca optó entonces por crear su propia Policía Metropolitana, una fuerza que cumpla con la promesa Pro de tratar con mano firme a la delincuencia.

En octubre del año pasado el oficialismo eligió el lugar donde funcionará la escuela de la PM de la ciudad. El colegio de formación estará en una parte del predio que posee el club Deportivo Español, en el Bajo Flores. Allí, y con un anzuelo económico tentador –se habla de que cada agente cobrará un promedio de 3.000 pesos–, Macri logró que se inscribieran más de mil interesados que desean vestir un uniforme casi igual al que utilizan los policías de Barcelona, llamados “Mossos D’Escuadra”, donde los catalanes sobresalen como el “ala dura”.

Para poder llegar a implementar su propia PM, Macri debió recurrir a algunos especialistas en seguridad y a hombres que vistieron el traje azul y la gorra. Uno de los ideólogos que se para detrás de la figura del mandamás de la Capital es el ex policía de la Federal Jorge “el Fino” Palacios. El hombre forjó una sólida relación con Macri cuando este se desempeñaba como directivo xeneize. En ese entonces el hijo de Franco convocó a Palacios para que se hiciera cargo de la seguridad del club luego de que fuera dado de baja de la Federal.

El “Fino” aterrizó en la Bombonera tras dejar la Dirección de Investigaciones, donde cumplía funciones. Su pase a retiro se aceleró cuando en varios medios aparecieron notas sobre una supuesta grabación telefónica en la que Palacios hablaba con el reducidor de autos Jorge Sagorsky, quien había sido acusado por el fiscal Jorge Sica de ser parte de la banda que asesinó a Axel Blumberg. Además, el ex oficial sufrió el procesamiento por parte de la jueza María Servini de Cubría por “homicidio imprudente” en la causa que investiga las cinco muertes sucedidas en los alrededores de Plaza de Mayo durante la rebelión popular que se manifestó el 19 y el 20 de diciembre de 2001 durante el gobierno de Fernando de la Rúa.

A raíz de las versiones que lo dan como asesor en la formación de la PM, el bloque de legisladores porteños del Frente para la Victoria, a través de la Comisión de Seguridad que encabeza Silvia La Ruffa, solicitó un pedido de informes sobre los nombres –y los hombres– que giran alrededor de la nueva policía. Algunas identidades ya comenzaron a circular. La lista informal de colaboradores del “Fino” incluye a un ex comisario de Santa Fe, Víctor Sarnaglia, quien fue exonerado de la fuerza por el ex gobernador provincial Jorge Obeid luego de que se conociera que un narcotraficante paraguayo se había escapado de una comisaría que estaba a su cargo.

Además de los nombres de Palacios y Sarnaglia (quien amenazó con dar un paso al costado a fines del año pasado) aparece el de un coronel retirado del Ejército Argentino: Federico Toranzo, quien llegó al municipio de la mano del ex juez Federico Young y que fue contratado como inspector de la Agencia de Control Gubernamental de la ciudad. En las oficinas municipales se habla de que Toranzo es un admirador de Cecilia Pando, al igual que el ex magistrado, quien dio una charla en el Club Español el 11 de abril pasado y allí tildó de “terroristas” a varios funcionarios del gabinete nacional. Otro asistente a la mesa chica de la seguridad de Macri sería el ex gendarme Jorge Occhionero, la mano derecha de Patricio Finnen, quien según denunciaron varias organizaciones de derechos humanos era un asistente permanente al centro de detención clandestino Automotores Orletti.

Junto a este “dream team” de la mano dura, varios ex hombres de la Federal se aprestan para dar clases en la escuela. La mayoría de ellos mantuvo una relación profesional estrecha con Palacios. Uno de los elegidos sería el comisario mayor retirado Osvaldo Chamorro, un abogado que fue pasado a retiro por el ex ministro del Interior Gustavo Beliz allá por 2005. Este ex uniformado devenido en hombre de leyes sería el responsable administrativo de la PM. Otro comisario mayor, Eduardo Orueta, quien fuera subordinado del “Fino”, también suena para integrar la cúpula educativa. Orueta, hoy de licencia, integró, entre otras cosas, la Dirección de Orden Urbano, que maneja la Guardia de Infantería, la Policía Montada y el grupo GEOF de la Federal.

Mauricio Macri puso al frente de la gestación a su ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro, a quien instruyó esta semana para que acelerara la marcha de la creación de la PM. El intendente quiere que en mayo ya haya algunos hombres trabajando como nuevos agentes. Uno de los requisitos es que los integrantes de la nueva fuerza tengan conocimientos básicos de inglés y matemáticas. A juzgar por los instructores escogidos por Palacios, los PM también tendrán jornadas intensivas de tiro al blanco.

Dispuesto a cabalgar sobre la inseguridad, Francisco de Narváez también juntó asesores que usaron gorra. Luego de varias reuniones con su equipo decidió lanzar el “mapa de la inseguridad”, donde en forma anónima se puede denunciar cualquier tipo de delito que ocurra en el territorio provincial. Pero De Narváez no sólo habla de las cuestiones delictivas a nivel tecnológico. “Suele hablar con Seisdedos con respecto a la inseguridad”, comentó a esta revista uno de los integrantes del cuerpo de asesores que tiene el propietario de la Rural. Cabe recordar que el 31 de marzo de 2006, bajo la resolución 317 que publicara el Boletín Informativo 30/06 del Ministerio de Seguridad, se anunció el pase a disponibilidad o su jubilación de 114 uniformados de la Policía Bonaerense. El primer nombre que figuraba era el del ex superintendente de Investigaciones Osvaldo Seisdedos y no se hablaba de “jubilación” sino de “pase a disponibilidad”. Un detalle importante, ya que no acababa de cumplir con su vida activa como uniformado, sino que el ex ministro de Seguridad León Arslanian lo había desplazado de su cargo. En aquella época, cuando se habló de la salida de Seisdedos, las crónicas de los diarios nacionales se referían a que la decisión de separar de la fuerza al oficial se debía a que “habría dejado filtrar información sobre el robo al Banco Río de Acasusso”, un sonado asalto ocurrido en enero de 2006. Seisdedos era uno de los últimos oficiales que creció de la mano del cuestionado ex comisario Mario “Chorizo” Rodríguez.

Quien rubricó la salida de Seisdedos de la policía provincial no fue otro que Felipe Solá, ex oficialista y hoy militante de la oposición. No era mala la relación entre ambos, pero siempre se miraron con recelo.

Otro de los nombres que suenan alrededor de la figura de De Narváez es el de Claudio Smith, quien fue separado de la fuerza en noviembre de 2003, cuando un fiscal de Lomas de Zamora lo acusó de demorar una serie de trámites judiciales que perjudicaron una investigación. Al hacer referencia a este tema, el diario Hoy de La Plata escribió que Smith fue “acusado de haber demorado seis días en fotografiar, desde un helicóptero, Villa Fiorito, Ingeniero Budge y Villa Albertina, en el marco de una investigación. Esto habría permitido que se escaparan integrantes de una banda de secuestradores”. Quien selló la suerte de Smith no fue otro que el ex ministro Juan José Álvarez, quien trabaja en el Pro de la provincia de Buenos Aires.

Habrá que esperar para saber qué hará Felipe Solá cuando tenga que definir su estrategia en el tema de seguridad en el ámbito de su nueva alianza. Pero ya hay algunas pistas: en los últimos días mantuvo conversaciones con el intendente de Escobar, Sandro Guzmán, quien milita en el PJ pero mantiene afinidad con el hombre fuerte del distrito, el ex comisario Luis Abelardo Patti. La alianza nació con un objetivo preciso: llegar a la cima. Y consiguieron quien los custodie en el camino.