Fuente: Clarín

El alquiler llega a los $ 40 mil. Dicen que es para cuidar el edificio. Críticas en la oposición.

Por: Daniel Gutman

Los elegantes salones del edificio de la Legislatura de la Ciudad podrán alquilarse a terceros, de acuerdo a una controvertida resolución de su vicepresidente primero, el macrista Diego Santilli, que fue cuestionada por miembros de otros bloques. El imponente Salón Dorado, que es una réplica del Salón del Palacio de Versailles, en las afueras de París, tiene un costo de 40.000 pesos diarios. Los otros cuatro salones disponibles del histórico edificio, que está en Diagonal Sur y Perú, van de 30.000 a 15.000 pesos.

El uso de los salones estaba regido hasta ahora por el decreto 72/02, que no hacía ninguna referencia a una contraprestación en dinero. El nuevo decreto, número 177/08, establece un orden de prioridades para el uso, encabezado por los velatorios de diputados, que no tienen costo. En el séptimo y último puesto de la lista figuran las "solicitudes de terceros", que son las que se pagan mediante un depósito en el Banco Ciudad.

Entre las actividades prohibidas figuran aquéllas que tengan un "fin comercial o de política partidaria". Explícitamente permitidas están las "actividades institucionales, culturales o de divulgación científica, incluyendo proyecciones o exposiciones y filmaciones".

El secretario administrativo del cuerpo, Bruno Screnzi, defendió la medida: "Se trata justamente de resguardar la Legislatura. A las entidades sin fines de lucro no se les va a cobrar. Pero si viene por ejemplo una asociación de abogados que quiera hacer una reunión tendrá que pagar".

"Es la escandalosa lógica de la privatización del espacio público macrista. Sabemos que hay muchas cosas disfrazadas, como fundaciones que promueven supuestos fines científicos pero que en realidad buscan instalar determinados medicamentos", dijo la ibarrista Gabriela Alegre.

Desde el kirchnerismo, Silvia La Ruffa opinó que "es una locura, un horror. Los salones sólo pueden cederse para actos de trascendencia social, cultural o política, y gratuitamente".

"Se trata de una rutina desgraciada que ya existe en el sector público argentino. El alquiler de salones crea un mecanismo para acceder a un sistema de influencias en la Legislatura", dijo por su lado el economista de la CTA, Martín Hourest (Igualdad Social).