Fuente: Noticias Urbanas

Entrevista a la legisladora kirchnerista Silvia La Ruffa (35), una de las damas del albertismo en la Ciudad, quien sintetiza los diálogos que mantuvieron los seguidores porteños de AF, en los días posteriores a su sorpresiva partida del gobierno de Cristina.

Por Laura Di Marco

La cosas están más complicadas que antes para nosotros en la Ciudad; Alberto (Fernández) nos pidió que ampliáramos la base social del kirchnerismo porteño, y eso a nosotros nos genera una duda importante sobre el futuro político: ¿ampliar la base significa con o sin Aníbal Ibarra? No hay respuesta. Alberto nos pidió, no ya que sumáramos como veníamos haciendo, sino que recompusiéramos lo que teníamos antes de este conflicto. Reconectar, por ejemplo, con los partidos chicos que apoyaron a (Daniel) Filmus, además de los que ya están en el Frente para la Victoria”, revela la legisladora kirchnerista Silvia La Ruffa (35), una de las damas del albertismo en la Ciudad, a modo de síntesis de los diálogos que mantuvieron los seguidores porteños de AF, en los días posteriores a su sorpresiva partida del gobierno de Cristina.

Alberto Fernández suspendió, en la última semana, una cena a la que había planeado compartir con ministros, secretarios y legisladores que no integran el ala pingüina del kirchnerismo. Dicen que Fernández, hoy con futuro político incierto, decidió suspender la cita gastronómico-política por temor a que el matrimonio K lo interpretara como un signo de rebelión y un guiño hacia el poskirchnerismo, una palabra que se está poniendo de moda en el mundillo de la política. La Ruffa dirá, entonces, sobre este punto: Alberto no está en ningún armado poskirchnerista. Y, fiel al discurso oficial K –fiel, en este caso, porque La Ruffa muestra, por momentos, señales de autonomía y, cuando dice ciertas cosas, no las deja escapar sino que es un paso que ha pensado previamente-, asegura que lo del espacio crítico es un invento de los medios.

-¿Y por qué entonces Fernández suspendió el encuentro con sus seguidores?
-Supongo que porque podría ser malinterpretado. Pero todas las veces que dialogó con nosotros fue claro en que sigue creyendo en este proyecto, como el primer día y que Néstor Kirchner es su amigo. Es más, dijo que le gustaría ser el jefe de Gabinete de Néstor Kirchner.

-Pero no de Cristina.
-No, pero por una cuestión de etapa política. Es necesario un recambio y él lo encabezó. No hubiera sido correcto que señalar la necesidad de un cambio sin correrse él mismo.

-¿Le sorprendió su renuncia o era algo que ya venían hablando en el grupo K?
-Yo me enteré por un mensajito de texto, mientras tomaba examen. Un horror porque no lo podía verificar. Renunció Alberto, me decían en sucesivos mensajes. Y yo no sabía si era cierto o no. Así que, en ese punto, me sorprendió, pero no en el contexto en el que venía hablando sobre la necesidad de inaugurar una nueva etapa en el Gobierno. El siempre dice que el kirchnerismo debería dejar 200 nuevos dirigentes, en un recambio generacional. Y que es importante que nos hagamos cargo los más jóvenes, tanto en la Ciudad, como a nivel nacional, Juan Manuel (Abal Medina), Urtubey, Capitanich también. Siempre dice eso. En mi caso estoy a cargo, junto con Iribarne, de la formación de nuevos cuadros políticos del PJ.

-¿Le habría gustado que Fernández se quede o me parece?
-Sí, me habría gustado, pero es una posición personal. Porque siempre está bueno tener a un referente que se sienta en la mesa chica del poder y que es escuchado. Las sugerencias pueden llegar hasta ese lugar, como me ha pasado con Alberto, que quizá uno le hace algún comentario sobre un tema en particular -con temas de seguridad me ha ocurrido- y él lo puede llevar a las discusiones donde se toman las decisiones.

-Está bueno estar cuando uno es escuchado, pero al parecer Fernández ya no era escuchado por el matrimonio K.
-Ahí discrepamos. Yo creo que sí lo era.

-¿Y cómo se recompone el kirchnerismo en la Ciudad? ¿Qué ideas tienen?
-Nosotros le hicimos esa pregunta a Alberto en los encuentros que tuvimos y él sugiere que se recompone desde lo nacional; que hay que pensar a partir del proyecto nacional. Y, en el caso de los porteños, haciéndole ver a la gente, a los vecinos, que este gobierno les ha dado empleo; y que es el modelo el que contribuyó a que ellos estén mejor, a salir de un país destruido, como estaba en 2001.

-¿Y por qué les tienen que “hacer ver” los logros? ¿No creen que los porteños podrían verlos por sí solos? ¿Cómo van a convencerlos, por ejemplo, de que la inflación es una ilusión óptica, si cuando van al súper, constatan el aumento de las cosas en sus propio bolsillo?
-Nosotros pensamos que si los salarios evolucionan más que los precios -porque los salarios también suben-, podremos reconectar con la clase media no urbana.

-¿Por qué? ¿A la urbana ya la dan por perdida?
-No, lo que pasa es que la Capital ya era difícil desde antes del conflicto con el campo, cuando no había inflación; imaginate ahora. Cuando el kirchnerismo tenía un 50 por ciento a nivel nacional, en la ciudad había un 20, así que… El componente antiperonista influye mucho.

-¿Qué le parece el retorno de las sanciones disciplinarias en las escuelas porteñas, como propone el ministro Narodowski?
-No soy partidaria de las sanciones como primera medida. Estoy por buscar consensos primero y después sí, que las escuelas tengan la alternativa de la sanción porque evidentemente ha habido hechos de violencia que necesitan un coto. Pero hace un par de meses, Narodowski tuvo la decisión de expulsar a un chico del colegio y no lo reincorporaron a ningún establecimiento, cuando es fundamental para la contención social.

-¿Cómo va evaluando la gestión de Macri?
-Macri es puro título e improvisación.

-Dicen que Alberto Fernández podría ser candidato a diputado nacional. Incluso alguno recordó su viejo amor, la jefatura porteña.
-Alberto jamás habla de cargos anticipadamente; menos ahora. Eso es algo que siempre le criticamos porque nos gustaría saber con anticipación más sobre el armado electoral. Él nos dice, en cambio, que si ya se sabe quién es el candidato de antemano y alguien aspira a ese lugar, pierde motivación para sumarse al proyecto. Es decir, el proyecto se va construyendo, y la gente se va sumando.

-¿Qué impresión le causó la admisión de la vicejefa porteña, Gabriela Michetti, de que las cosas les habían costado más de lo que pensaron cuando asumieron el gobierno?
-Esperaba esa frontalidad de Gabriela. Ella es así.

-¿Se imagina a Cristina haciendo algo así? Y pensándolo bien: ¿no cree que los porteños la adorarían si hiciera algo así, por ejemplo en relación al conflicto con el campo?
-Cristina no ve errores y fue clara cuando dijo que volvería hacer lo mismo que hizo. Ella verdaderamente lo cree así, ¿por qué pedirle que sea distinta?