Fuente: Noticias Urbanas

La creación de la policía porteña, una de las banderas electorales de Mauricio Macri, se convirtió en una cuestión de difícil resolución, que provocó cruces entre los federales y chicanas políticas. La amenaza de un aumento de la inseguridad.

Por Antonio Lizzano

En algunas ocasiones el mensaje de los políticos porteños contiene afirmaciones categóricas que tienen la osadía de enfrentarse a cara descubierta con los hechos más duros de la crónica policial diaria. El desconcierto se multiplica si a esa contradicción se le suma la percepción sobre la inseguridad que a viva voz manifiestan los capitalinos cada vez que se les pone a tiro un interrogador neutral. El resultado de la ecuación se convertiría, de esa manera, en el ejemplo ideal, que sostendría sobre bases más que sólidas la provocativa frase del filósofo francés, Michel Foucault. "La verdad es una creación del poder", afirmó el galo décadas atrás. Por estos días, la promesa electoral del jefe de Gobierno de la Ciudad, Mauricio Macri, acerca del traspaso de la policía a la órbita de la Capital Federal, se transformó en un problema de difícil resolución en el corto tiempo. Como si la cuestión no fuera lo suficientemente álgida para los macristas encargados de crear una fuerza de seguridad exclusiva para la Ciudad de Buenos Aires, el agregado de una sórdida interna (que incluye tiros varios) entre los más altos efectivos de la Policía Federal, termina por elaborar un cóctel demasiado explosivo para los paladares porteños. El primer escollo que sufre la concreción de la ansiada nueva fuerza armada se encuentra en las declaraciones de carácter desigual que efectúan, por un lado, los funcionarios del Ministerio de Justicia y Seguridad de la Ciudad, cartera a cargo de Guillermo Montenegro, y por otro lado, las réplicas que esgrimen los legisladores que integran la Comisión de Seguridad de la Legislatura porteña.

El propio Montenegro señaló el último miércoles los avances del proyecto oficialista y deslizó que desde el Gobierno porteño tienen todo listo para iniciar la primera parte del proceso que llevará a la conformación de la nueva policía "en cuanto se apruebe el proyecto de ley que está siendo analizado por los diputados capitalinos que conforman la Comisión de Seguridad". Tratando de demostrar hechos concretos, el funcionario macrista aseguró: "La Academia está licitada, ya se hicieron los pliegos. El predio del Club Deportivo Español se cedió al Ministerio de Justicia y ahí se avanzará con los cadetes. Los que conduzcan y capaciten a estos cadetes serán personas que vienen de otras fuerzas". A los dichos de Montenegro, se sumaron, los del jefe de Gabinete del Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, que, en tono diplomático, volvió a reafirmar que la concreción de la policía porteña depende de los legisladores que analizan la propuesta gubernamental. "Es una ley muy importante para la Ciudad, que requiere una discusión profunda. Sin la ley no se puede hacer el reclutamiento de agentes. Estamos construyendo una policía desde cero", manifestó el hombre de Propuesta Republicana (PRO). El mismo miércoles, momentos después de las declaraciones de Montenegro y Rodríguez Larreta, la titular de la comisión legislativa, la kirchnerista Silvia La Ruffa, sostuvo que la aprobación del proyecto "no es un simple trámite" como dejan entrever los integrantes del Gabinete de Mauricio Macri.

Será difícil consensuar los distintos puntos de vista por la gran cantidad de cuestiones que generan opiniones encontradas. La legisladora del Frente para la Victoria (FpV), agregó que a eso se le debe agregar otra ley que establezca un marco para el funcionamiento de la seguridad en la Capital Federal y que "recién a fines de agosto o principios de septiembre estaría saliendo el dictamen de la comisión". Y dejo bien en claro que los dichos públicos de los funcionarios del oficialismo "no ejercen ningún tipo de presión para que se apresure la discusión del proyecto".

Como un reflejo de los cruces de verba altisonante que el tema de la policía local genera entre la administración macrista y la oposición parlamentaria, siguiendo las singularidades de sus particulares actores, la cuestión de la nueva fuerza también produce roces (un tanto más bruscos que los de los políticos) en el seno de la Policía Federal. "La cuestión de la policía propia siempre tuvo ribetes de difícil solución.

La campaña electoral para que Macri llegara a la sede del Gobierno de la Ciudad, hizo que se realizaran promesas bastante complicadas de llevar a la práctica. Los especialistas en temas de seguridad de PRO enarbolaron una iniciativa casi irrealizable, ya que la misma partiría a la fuerza en dos mitades, casi iguales, lo cual desataría lucha internaa, muchas de las cuales se resuelven a puro balazo, por el control de las cajas negras de recaudación ilegal y cuyo resultado final lo pagarían los habitantes de la Capital Federal a través de un aumento de la inseguridad. A ninguna persona que conozca mínimamente el funcionamiento de los azules, se le podría ocurrir la idea de traspasar la poderosa e influyente Superintendencia de Seguridad Metropolitana (de ella dependen todas las comisarías de la metrópolis) a la Ciudad", sentenció ante NOTICIAS URBANAS un ex comisario inspector de los azules, que mantiene buenos contactos con los pesos pesados de la Federal. "Voy a dar un dato -dijo el comisario retirado- de los muchos que hacen inviable la iniciativa: la Superintendencia cuenta con aproximadamente 12 mil efectivos, del total de los aproximadamente 30 mil integrantes de la Federal que actúan en la Ciudad. Si se traspasara la Superintendencia, quedarían dos fuerzas muy similares en cantidad de efectivos, para ser más claro, con dos jefes que estarían disputando el mismo territorio de acción. Si en su defecto, se creara otro cuerpo, ¿qué van a hacer, duplicar las comisarías? Es inviable".

Para el atildado comisario retirado, la extremada confianza de los macristas en la pronta realización de la nueva fuerza capitalina los llevó, en el transcurso de la campaña electoral, "a prometerle a altos capos de la Federal, puestos de poder en la hipotética institución. Los tropiezos de la puesta en práctica de la iniciativa dejó mal parados, internamente, a varios comisarios y en consecuencia se desató una lucha de poder en el corazón del organismo de seguridad". Y para avalar sus palabras, el enigmático entrevistado pone de ejemplo dos hechos que, según su fino olfato, confirman la guerra. "La denuncia de un grupo de diputados nacionales y legisladores, realizada el martes, ante la justicia federal, sobre una red de explotación sexual y tráfico de drogas, que incluía los nombres de 25 locales que funcionaban muy cerca del Departamento Central de Policía de la Avenida Belgrano, tiene un oscuro origen en los pasillos de ese edificio y un claro destinatario, el jefe de la Federal, el comisario general Néstor Valleca (avalado políticamente por el ministro de Justicia, Aníbal Fernández). Para un tipo de su posición quedó claro que un sector poderoso de la institución desea rermoverlo de su cargo. El otro suceso ocurrió el domingo 24 de febrero a la medianoche y no tiene posibilidad de segundas lecturas. La vivienda ubicada en la calle De los Reseros al 1500, de Parque Leloir, fue tiroteada por un grupo de cinco personas, que hirieron de gravedad a uno de los dos custodios de la casa. En la morada vive el subjefe de los federicos, el comisario general Jorge Oriolo", remató victorioso el ex federal.

Y dejó que el silencio valiera más que mil palabras e hiciera más ruido que una descarga de metralla.

(PUBLICADO ORIGINALMENTE EN EL SEMANARIO NOTICIAS URBANAS Nº 148)