Fuente: Clarín

"Hay que apoyar a la Presidenta", les pidió a los militantes que se acercaban a tocarlo.

Por: Santiago Fioriti

Cinco minutos después de las 22, Néstor Kirchner parecía un piloto de Fórmula 1 tras la conquista de una carrera importante. En andas, con los brazos en alto, la cara desencajada y un montón de séquitos que se le abalanzaban para tocarlo y besarlo. "La Plaza es tuya", le gritó un militante que lo vio llegar y ganó espacio a los codazos a los pies de la Catedral Metropolitana. "Vamos, ¡hay que apoyar a la Presidenta!", devolvió el ex presidente, en medio de un coro confuso de voces, sin saber a quién le contestaba.

Sólo una parte del rumor que con insistencia había dado vueltas durante toda la tarde en la Plaza no se cumplió: el flamante presidente del PJ esquivó los micrófonos que alguien había pensado conectar para que dirigiera la palabra a los manifestantes y tampoco respondió las preguntas que los periodistas le hicieron entre empujones y gritos.

"Con su presencia está todo dicho. Acá lo que importa es la foto", dijo un importante dirigente kirchnerista que no ocultó ante Clarín cuál era su lectura sobre la iniciativa K: al parecer, la idea surgió del propio Kirchner y estuvo vinculada con una movida oficial tendiente a no relegar todos los focos periodísticos en los incidentes en Entre Ríos. "¿No te parece fuerte ver a Kirchner en esta Plaza emblemática rodeado de gente?", insistió la fuente.

Cuando el patagónico arribó al lugar (junto con el ministro de Infraestructura, Julio de Vido y el secretario de Transporte, Ricardo Jaime), por allí ya habían desfilado los ministros Florencio Randazzo, la ministra de Defensa, Nilda Garré, el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, el diputado Carlos Kunkel y los legisladores porteños Diego Kravetz y Silvia La Ruffa. También estuvo la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini.

El jefe de los ministros, Alberto Fernández, quien poco nantes había dado una conferencia de prensa en la Casa Rosada, no alcanzó a bajarse del auto y mucho menos pudo disfrutar de la algarabía que transmitían los militantes peronistas: mientras brindaba una entrevista a una cronista de canal 7, una joven de unos 30 años se acercó al auto y lo insultó. "¿No les da vergüenza robar así?", le dijo.

Un grupo de peronistas que se identificaba con banderas y remeras de la JP la insultó, alguien amenazó con pegarle y otro la acusó de "oligarca" y de ser funcional a los intereses del sector agropecuario. La joven respondió: "Yo no estoy ni con el campo ni con el Gobierno". Mientras, desde el otro lado de la ventanilla, una mujer le gritaba al jefe de Gabinete "Aníbal, Aníbal", confundiéndolo con el ministro de Justicia.

En ese momento, Kirchner caminaba rumbo a la Pirámide de Mayo. Parecía conmovido: tenía la mirada perdida y la voz un tanto afónica, aunque no dejaba de agitar el puño y de pedir apoyo para Cristina. "Vamos, Néstor, no aflojes", oía a cada paso. También, como le ocurre desde que dejó el poder, muchos le gritaban "vamos presidente".

Emilio Pérsico, el líder del Movimiento Evita -una de las agrupaciones que más gente movió- se sacaba fotos con militantes y celebraba la presencia de Kirchner. "La Plaza es nuestra, como siempre", decían a su lado. Pérsico, emocionado, prometía seguir adelante con "la lucha popular".